Estudio del arquetipo floral de Glassy Hyacinth
“¿Qué es, en realidad, el hombre? Es el ser que siempre decide lo que es. Es el ser que ha inventado las cámaras de gas, pero asimismo es el ser que ha entrado en ellas con paso firme musitando una oración.”
Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido.
Glassy Hyacinth (Triteleia lilacina)
El arquetipo floral de Glassy Hyacinth ayuda al alma a recuperar la armonía después de haber conectado con experiencias de horror y devastación.

Glassy Hyacinth (foto de Steve Matson)
Glassy Hyacinth es una flor poco común de la familia de las liláceas. Crece exclusivamente en las “mesas” de antiguos volcanes (núcleo del volcán cubierto de tierra debido a la erosión de la tierra circundante). Crece en lugares secos y soleados, en grietas y hendiduras de la roca volcánica. Es una flor diminuta, apenas llega a los 5 cm que florece a principios y mediados de primavera. Tiene 6 pétalos y 6 sépalos formando una estrella. Su color es blanco brillante (aunque a veces puede tener un ligero color rosado), el final de los estambres es de color lila y en la parte interna de los pétalos se forman unas pequeñas perlas que parecen de vidrio.
Glassy Hyacinth es del mismo género que Pretty Face (Triteleia ixioides) y está emparentada con Star of Bethlehem (Ornithogalum umbellatum). Así como Pretty Face va dirigida a la fealdad del cuerpo, Glassy Hyacinth apunta a la fealdad del alma. De la misma forma que Star of Bethlehem trae armonía después de haber sufrido un trauma emocional, Glassy Hyacinth trae armonía después de una experiencia traumática pero va más allá de lo individual y se dirige al alma de la Humanidad.
Glassy Hyacinth está indicada en personas que tienen la sensación de haber descendido a los infiernos, cuando han estado expuestas a experiencias de terror, oscuridad y devastación y necesitan transformar esas experiencias en fortaleza y luz.
Cuando el alma debe enfrentarse a tales experiencias no sólo se enfrenta al sufrimiento individual sino que va más allá de su experiencia propia y entra en contacto con el sufrimiento de la Humanidad.
El s. XX ha sido testigo de grandes desafíos para la Humanidad de enfrentarse a estas experiencias abismales, catástrofes, guerras, totalitarismos, violencia….uno de los más atroces fue el Holocausto, un programa de exterminio dirigido a colectivos que eran considerados inferiores (judíos, gitanos, comunistas, homosexuales…). Muchas voces han contado los horrores vividos por la persecución y el internamiento en los campos de concentración nazis, una de las más lúcidas fue la de Viktor E. Frankl. Frankl no sólo sobrevivió a tres años de internamiento en campos de concentración sino que aprovechó esa experiencia para estudiar el alma humana y transformar los horrores vividos en un logro humano, la fundación de la Logoterapia y el Análisis Existencial.

Viktor Frankl
Viktor Emil Frankl nació en Viena en 1905. Fue un destacado neurólogo y psiquiatra austríaco de origen judío. Estudió medicina en la Universidad de Viena y se especializó en Neurología y Psiquiatría. Trabajó en el Hospital General de Viena y más tarde dirigió el departamento de Neurología del Hospital Rothschild. Desde 1942 hasta 1945 fue prisionero en varios campos de concentración nazis. Terminada la guerra se centró en desarrollar la Logoterapia, considerada la Tercera Escuela Vienesa de Psicología. Dirigió la Policlínica Neurológica de Viena hasta 1971. También fue profesor en la Universidad de Viena así como en otras universidades como Harvard, Standford, Pittsburgh, San Diego…e impartió cursos y conferencias por todo el mundo. Continuó dando clases en la Universidad de Viena hasta los 85 años. Recibió 29 doctorados Honoris Causa y el premio Oskar Pfister y distinciones de Universidades europeas. Murió en 1997 en Viena a los 92 años.
Frankl fue un escritor prolífico, sin embargo su obra más conocida fue El hombre en busca de sentido, escrita poco después de su liberación. Esta obra le sirvió para poder explicar su experiencia en los campos de concentración, no sólo pretendía explicar los horrores que sufrieron miles de personas sino para poder aliviar su propio sufrimiento. Frankl debió enfrentarse no sólo a los 3 años de internamiento en los campos sino que tras su liberación descubrió que toda su familia (salvo una hermana) habían muerto en ellos.
“»¡Hay una señal, Auschwitz!» Su solo nombre evocaba todo lo que hay de horrible en el mundo: cámaras de gas, hornos crematorios, matanzas indiscriminadas. (…)¡Auschwitz! A medida que iba amaneciendo se hacían visibles los perfiles de un inmenso campo: la larga extensión de la cerca de varias hileras de alambrada espinosa; las torres de observación; los focos y las interminables columnas de harapientas figuras humanas, pardas a la luz grisácea del amanecer, arrastrándose por los desolados campos hacia un destino desconocido. Se oían voces aisladas y silbatos de mando, pero no sabíamos lo que querían decir. Mi imaginación me llevaba a ver horcas con gente colgando de ellas. Me estremecí de horror, pero no andaba muy desencaminado, ya que paso a paso nos fuimos acostumbrando a un horror inmenso y terrible.” (Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido)
Glassy Hyacinth nos conecta con la experiencia de sumergirse en las profundidades de lo oscuro y lo feo. Va más allá de lo individual, tiene que ver con el inconsciente colectivo, nos conecta con la monstruosidad y la maldad del alma humana. En estos casos, el alma debe enfrentarse a sus propios demonios ya que, como parte de la Humanidad, también le pertenecen. “La vida en un campo de concentración abría de par en par el alma humana y sacaba a la luz sus abismos. ¿Puede sorprender que en estas profundidades encontremos, una vez más, únicamente cualidades humanas que, en su naturaleza más íntima, eran una mezcla del bien y del mal? La escisión que separa el bien del mal, que atraviesa imaginariamente a todo ser humano, alcanza a las profundidades más hondas y se hizo manifiesta en el fondo del abismo que se abrió en los campos de concentración.” (Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido).

Foto de auschwitz.org
Frankl relató magistralmente sus experiencias en los campos, los horrores, el hambre, el frío, las humillaciones, el peligro de muerte constante, las selecciones, el trabajo extenuante, las enfermedades. En los campos experimentó la camaradería de otros compañeros pero también la crueldad de ellos. De la misma forma, sufrió los golpes y las humillaciones de los guardias del campo pero también los había (pocos) que compadecieron a los prisioneros y les brindaron ayuda. La vida en los campos era tan extrema, que poco a poco el prisionero iban perdiendo los asideros de su existencia, no era sólo una devastación física sino también psicológica y moral: “El carácter del hombre quedaba absorbido hasta el extremo de verse envuelto en un torbellino mental que ponía en duda y amenazaba toda la escala de valores que hasta entonces había mantenido. Influido por un entorno que no reconocía el valor de la vida y la dignidad humanas, que había desposeído al hombre de su voluntad y le había convertido en objeto de exterminio (no sin utilizarle antes al máximo y extraerle hasta el último gramo de sus recursos físicos) el yo personal acababa perdiendo sus principios morales. Si, en un último esfuerzo por mantener la propia estima, el prisionero de un campo de concentración no luchaba contra ello, terminaba por perder el sentimiento de su propia individualidad, de ser pensante, con una libertad interior y un valor personal. Acababa por considerarse sólo una parte de la masa de gente: su existencia se rebajaba al nivel de la vida animal. Transportaban a los hombres en manadas, unas veces a un sitio y otras a otro; unas veces juntos y otras por separado, como un rebaño de ovejas sin voluntad ni pensamiento propios. Una pandilla pequeña pero peligrosa, diestra en métodos de tortura y sadismo, los observaba desde todos los ángulos. Conducían al rebaño sin parar, atrás, adelante, con gritos, patadas y golpes, y nosotros, los borregos, teníamos dos pensamientos: cómo evitar a los malvados sabuesos y cómo obtener un poco de comida” (Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido).
Dada una situación de devastación, horror y oscuridad, ¿cómo poder salir de las profundidades?¿cómo poder encontrar algo bueno en una situación de tales dimensiones? De la misma forma que la Glassy Hyacinth florece a partir de la roca volcánica, el alma humana tiene la capacidad de resurgir de las profundidades del horror y la maldad. Hasta en las peores situaciones en las que pueda enfrentarse el alma siempre puede encontrar la fortaleza para elevarse de la oscuridad y dirigirse a la luz. Frankl nos explica que a una persona se le puede arrebatar todo excepto la libertad de decidir la actitud frente a las circunstancias: “Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino.” (Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido)

Star of Bethelehem (foto de Marta Wu)
Frankl afirmaba que si todos los acontecimientos de la vida son significativos también debe serlo el sufrimiento, hasta en las circunstancias más terribles el hombre tiene la oportunidad de hacer algo bueno con ese sufrimiento y esto es lo que da un sentido profundo al sufrimiento y le da un nuevo sentido a su propia vida “muchas veces es precisamente una situación externa excepcionalmente difícil lo que da al hombre la oportunidad de crecer espiritualmente más allá de sí mismo.”(Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido).
A partir de las observaciones y vivencias en los campos de exterminio Frankl se dio cuenta que aquel que no tenía esperanzas de salir del campo, de que todo aquel horror acabara moría al poco tiempo. En cambio, el que miraba esperanzado su futuro, el que hacía planes después de la liberación sobrevivía. Frankl recoge una frase de Nietzsche: “Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo”. Encontró pues algo a lo que aferrarse para no entregarse a la muerte, estaba completamente convencido que su sufrimiento tenía un sentido y su vida también y se enfocó a su futuro: “Estaba disgustado con la marcha de los asuntos que continuamente me obligaban a ocuparme sólo de aquellas cosas tan triviales. Me obligué a pensar en otras cosas. De pronto me vi de pie en la plataforma de un salón de conferencias bien iluminado, agradable y caliente. Frente a mí tenía un auditorio atento, sentado en cómodas butacas tapizadas. ¡Yo daba una conferencia sobre la psicología de un campo de concentración! Visto y descrito desde la mira distante de la ciencia, todo lo que me oprimía hasta ese momento se objetivaba. Mediante este método, logré cierto éxito, conseguí distanciarme de la situación, pasar por encima de los sufrimientos del momento y observarlos como si ya hubieran transcurrido y tanto yo mismo como mis dificultades se convirtieron en el objeto de un estudio psicocientífico muy interesante que yo mismo he realizado” (Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido).
Para poder vivir este sufrimiento extremo y poder trascenderlo Frankl se plantea la pregunta por el sentido de la vida en otros términos: “Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos y después, enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros. Tenemos que dejar de hacernos preguntas sobre el significado de la vida y, en vez de ello, pensar en nosotros como en seres a quienes la vida les inquiriera continua e incesantemente.” (Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido). Esta actitud, este cambio de perspectiva ante el sufrimiento y el sentido que cada uno da a dicho sufrimiento será el motor que guiará a Frankl durante sus años en los campos así como también después de su liberación, el sentido de su vida se centraba en enseñar a otros a buscar el suyo, “No hay nada en el mundo que capacite tanto a una persona para sobreponerse a las dificultades externas y a las limitaciones internas, como la consciencia de tener una tarea en la vida” (Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido).

Pretty Face (foto de Pat Michaels)
Glassy Hyacinth permite que el alma reúna fuerzas para resurgir de la propia oscuridad, ayuda a recomponer a personas que han sufrido una devastación psicológica tras tener experiencias abominables, de crueldad y maldad. Va a permitir que la persona pueda compadecerse de los demás a pesar de lo experimentado. Otorga luz y a la vez fortaleza para aceptar el sufrimiento propio y ajeno. Una vez liberado del campo de concentración, el prisionero debe recuperar elementos que son fundamentalmente humanos, como la alegría. Queda la tarea de la vuelta a recomponerse después de largo tiempo de tensión, miedo y hambre. “Un día, poco después de nuestra liberación, yo paseaba por la campiña florida, camino del pueblo más próximo. Las alondras se elevaban hasta el cielo y yo podía oír sus gozosos cantos; no había nada más que la tierra y el cielo y el júbilo de las alondras, y la libertad del espacio. Me detuve, miré en derredor, después al cielo, y finalmente caí de rodillas. En aquel momento yo sabía muy poco de mí o del mundo, sólo tenía en la cabeza una frase, siempre la misma: «Desde mi estrecha prisión llamé a mi Señor y él me contestó desde el espacio en libertad.» No recuerdo cuanto tiempo permanecí allí, de rodillas, repitiendo una y otra vez mi jaculatoria. Pero yo sé que aquel día, en aquel momento, mi vida empezó otra vez. Fui avanzando, paso a paso, hasta volverme de nuevo un ser humano.” (Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido)
Cuando Frankl volvió a Viena debió enfrentarse a más sufrimientos cuando descubrió que, salvo una hermana, ningún familiar había sobrevivido, “El hombre que durante años había creído alcanzar el límite absoluto del sufrimiento se encontraba ahora con que el sufrimiento no tenía límites y con que todavía podía sufrir más y más intensamente. Desgraciado de aquel que halló que la persona cuyo solo recuerdo le había dado valor en el campo ¡ya no vivía! ¡Desdichado de aquel que, cuando finalmente llegó el día de sus sueños, encontró todo distinto a como lo había añorado!” (Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido)
Una vez más, Frankl encontró una forma de poder superar esa época terrible, durante 9 días dictó el que sería uno de los testimonios más importantes de superación de los más atroces sufrimientos, El hombre en busca de sentido. A partir de entonces se dedicó a profundizar y divulgar la Logoterapia y el Análisis existencial. “Bendecido sea el destino, creído con fe sea su sentido”. (Frankl, Lo que no está escrito en mis libros)

Glassy Hyacinth (foto de Steve Matson)
Ante una experiencia tan atroz como el internamiento en un campo de concentración ¿cómo no dejarse llevar por la venganza? ¿cómo no juzgar y condenar a los verdugos?¿cómo no condenar a todo un pueblo o a un ideal político? La condena, la venganza y el odio podrían ser vistas como respuestas legítimas ante una vivencia de crueldad de la magnitud que experimentaron los prisioneros de los campos de concentración. Frankl optó por no dejarse arrastrar por los mismos sentimientos que otros o que los perpetradores del Holocausto, fue contrario la tesis de la culpa colectiva apuntando que los actos de una persona pertenecen exclusivamente a la conciencia de esa persona, es una cuestión de libertad y responsabilidad que implica a esa persona concreta. ¿Cómo pudo Frankl llegar a esta actitud? Frankl centró todo el corpus de su pensamiento no en el sufrimiento en sí sino en qué hacemos con ese sufrimiento; podríamos lamentarnos, vengarnos o tomar una actitud de “todo me está permitido porque he sufrido” o, como sugiere Frankl, podemos usar ese sufrimiento para que sirva para algo, para lograr algo. Frankl traslada el punto de atención no en “lo que la vida nos depara” sino en “lo que la vida nos requiere”, de esta manera la persona que sufre deja de ser un sujeto pasivo para convertirse en un sujeto activo que debe hacer algo “con aquello que le pasa”. El ser humano ya no es el que pregunta por la vida y pasa a ser el que responde ante la vida. Es la vida la que nos pone a prueba, la que requiere algo de nosotros, así que debemos asumir el destino dándole un sentido: “ya veremos ahora qué se propone esta vida de mierda conmigo” (Frankl). De esta forma las circunstancias son una oportunidad para el cumplimiento de una tarea. Esta perspectiva supone autotrascendernos, ir más allá de nosotros, poner nuestro sufrimiento al servicio de algo más grande. En tanto que tomo mi propio sufrimiento como dotado de sentido puedo elevarme sobre lo monstruoso y poner mi aprendizaje al servicio de la Humanidad. Así lo hizo Frankl, dio un sentido a aquello que le hacía sufrir y esto no sólo le permitió sobrevivir a uno de los capítulos más abominables de la historia sino que le otorgó la fuerza para elevarse sobre toda esa devastación y ponerla al servicio de aquellos que se sentían desesperados. Frankl logró que aquello que llevó su resistencia física y moral al extremo de sus fuerzas fuera lo que le permitiera cumplir su tarea: “consolar y fortalecer al hombre en su sufrimiento para que pueda resistirlo, para que pueda mantenerse firme humana y personalmente, conservar la confianza en sí mismo y cumplir el cometido que la vida le pone entre manos” (Längle). He aquí la enseñanza de Glassy Hyacinth, no hay fondo lo suficiente violento y oscuro que no permita renacer con luz, éste es su cometido, resurgir de los abismos volcánicos y florecer a partir de ellos con maravillosa belleza.
Éste fue el estudio de arquetipo floral presentado en la Flower Essence Society para obtener el Certificado Practitioner.
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